Foto: Rebeca Madrid ¿Alguna vez te has parado a pensar en los motivos por los que eres cofrade? No sé si recuerdas ese primer impulso o corazonada que te llevó a la sede de tu hermandad para solicitar formar parte de ella. Sirva este artículo para que todos puedan reflexionar sobre ello, recuperar quizás una ilusión que se va perdiendo, o no; pero sobre todo volver a ese origen. Entre estas razones está la tradición familiar, digamos que casi es hereditario. Nada más nacer y recibir el bautismo tienen la medalla colgada de su cuello. Y son varias las generaciones de su familia que han formado parte de la historia de la hermandad. Otro momento clave donde se despierta el interés de ser cofrade es en la infancia, sin ningún tipo de precedente familiar previo. Un día, desde la acera, viendo pasar una procesión y desde su mirada inocente, decide que quiere vivir la procesión desde dentro, como hacen otros niños que ve pasar vestidos con el hábito y que son de su edad. ...